Epígrafe
Gracias por tus sonrisas, después de cada enojo.
De tus besos, después de las bofetadas.
Seguí sonriendo, que no sea tu culpa la ausencia de mis letras.
***
Una mezcla de olores recorren mis sentidos
su frente altar de pureza lleno de besos
mientras su cuello rodeo con mis manos
el deseo más impuro invade nuestros ojos.
Nos acercamos tanto que nuestros labios rozan
su exquisito aroma penetra lo último de mi piel
no hay espacio para los movimientos bruscos
el delicado vaivén de sus caderas rompen el silencio.
Sus ojos llenos de fuego abrasa mi corazón
ya reducido a cenizas, solo su sonrisa lo regresa
tan pícara, tan impúdica, tan ella, su sonrisa
regresa lo que fundiste con tus ojos, tu fuego
mi corazón.




